Deberá transladarse a un pesebre para que nazca su hijo, como la Virgen María, según se ve en la pequeña escena del fondo. A uno de los costados se observa al diablo furioso por este nacimiento. El artista sigue el paralelismo constante que los cronistas franciscanos establecen entre la vida del "poverello" y la de Cristo. El pintor anima el episodio con un colorido brillante y le da un delicioso sabor narrativo y costumbrista, trasladándolo a un interior cuzqueño del siglo XVII.
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